sábado, 27 de diciembre de 2014

Service a mi Hyundai stratocaster: LIJADO

Luego de varios meses de inactividad artesanal, producto de los cambios que mencioné en el apartado anterior, he vuelto para compartir lo que estas manos inquietas eligieron encarar desde las vísperas del descanso estival. 

Ansioso por desenpolvar las herramientas, se me ocurrió sacrificar mi modesta guitarra eléctrica para un hereje ensayo de luthería, o mejor dicho, de lutherapia, como dicen los Les Luthiers.

Claro está que no iba a arriesgarme a meterme en camisa de once varas con una viola de primera línea!!! Mi humilde guitarra es una Hyundai stratocaster del primer lustro de los 90's,, probablemente coreana o una de las chinas primigenias. La obtuve simplemente para componer (de hecho hoy cumple la misma función), dado que mi posición en la banda es al fondo detrás de los platillos. Por entonces andaba transitando por los senderos del post punk y el hardcore, y su sonido me satisfizo ya que, a pesar de la limitada calidad de sus pastillas, encuadraba perfectamente con el sonido Washington al estilo Fugazi que buscaba (a pesar de que Piccioto portaba una Rickenbaker y MacKaye, una SG).

También prestó servicios como guitarra de ensayo y de recambio en Neurosis hasta el 2000, pasando luego a las manos del guitarrista de Polimorphos, quien la punteó hasta mediados de la pasada década. Es comprensible entonces que la pobre anduviese pidiendo una sesión restauradora ya que su trasteo en algunos puntos del diapasón era muy notorio en tanto que su estética se había venido a menos: había sufrido un voráz amarillentamiento de la laca (denotando su esencia oriental) y algunos pequeños desprendimientos de su pintura.

Existen numerosos tutoriales en webolandia donde los expertos nos desasnan en cuanto a cómo nivelar los trastes correctamente. En un primer momento pensé en cambiar el mástil completo, pero luego de observar el tiempo que me llevaría dedicarme sólo a esa pieza y que no ameritaba aún un descarte completo, opté por encarar la nivelación con limas de matricería y lijas finas para metal, lamentablemente, sin dejar registro del paso a paso.

Así que lo que se comenta a partir de aquí, son las peripecias con las que un neófito como yo debió sortear para decapar y repintar el cuerpo de una guitarra de madera laminada, característica de las de 2da y 3ra línea, de la manera más artesanal posible, es decir, sin la utilización de máquina alguna.   
   
¿No les basta con los astilleros y la industria automotriz?
La susodicha había venido con una estética bastante llamativa. Originalmente era gris con un efecto marmolado pero, como se aprecia en la imagen, la calidad de su barniz mostró la hilacha con los años, adoptando esa tonalidad amarillenta muy desagradable para mi gusto. 


Pues se han de imaginar que el proceso no podía empezarse con toda la circuitería. No resulta necesario graficar cómo retirar las piezas pues, no se necesita demasiada destreza para usar un destornillador y desoldar el jack y la masa. Es conveniente armar un croquis de las conexiones para no tener luego que andar renegando en caso de algún recambio de micrófonos, potenciómetros o selectora.

Desprovista ya de la circuitería  y a falta de luthieres amigos, recurrí a los tutoriales de la web, en donde hallé debates interminables en torno de pinturas y métodos a emplear. De todos modos, el primer paso del que nadie escapa es del decapado y preparación de la superficie. Para ello tenía tres opciones: uso de abrasivos (lijas), decapado térmico con pistola de calor o decapado químico con removedor de esmaltes.

El tercer método me pareció el más práctico, así que fui corriendo a la ferretería a buscar un decapante en gel. ¿Qué fue lo que ocurrió? Mala elección de los químicos o mala calidad de los mismos. Los dos removedores que utilicé no le hicieron ni cosquillas a pesar de embadurnarla de manera abundante y pareja y de respetar los tiempos indicados por los fabricantes. Mientras me lamentaba por la plata tirada a la basura, constaté un gran número de lijas que yacían en el galpón. Pasé entonces a la opción del tedioso y arduo trabajo del lijado a mano.

Provisto de tacos (de madera para las partes planas y de goma para las curvas), y de lijas de distintos granos (del 60 al 400), ejercité los brazos por tres días. hasta lograr un acabado óptimo como para dar la primera mano de imprimación. Ojo con el grano grueso!!! A no fanatizarse ya que podemos rayar de más la madera ante lo cual nos veremos obligados a tener que abusar del enmasillado salvador. Como los detalles en el cuerpo eran menores y al constatar que debajo de la pintura no había demasiado trabajo de recauchutaje de fábrica, la intención fue eludir la aplicación de masilla. Por ello realicé un lijado paciente y parejo, retirando el polvillo con frecuencia y necesariamente con cada cambio de grano. No está demás aclarar, ya que he visto a algunos van en contra de la corriente, que el lijado debe realizarse siguiendo la veta de la madera; eso me lo han dicho los que saben, que lo aprendieron de Gepetto, que lo aprendió de San José.      

Llegando a la madera del frente

Fin de la primera fase. Sin detalles notorios que requieran masilla.


CONTINUARÁ...



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